Luis Burgos

…”Ricardo, como soriano/riojano, me gustaría que me presentaras tú en Cortabitarte, ya sabes, sencillamente dices: que soy guapo, inteligente y con dinero”. O sea, que aquí estoy con el Burgos. No sé si alguna de estas tres acepciones define a Luís, cierto es, que un poco de todo tiene, pero a mí de él lo que me interesa además de su manera de hacer, de su manera de plasmar el cromatismo en los lienzos, es su humanidad.

De la tierra, sí, LUIS BURGOS es hijo de la tierra, aunque tuvo y amó con locura, una madre. Y digo esto, no porque su lugar de nacimiento sea Varea, tierra de buena huerta logroñesa, lo comento por estar convencido de que Luís ha bebido de las entrañas de las raíces del planeta.
Conozco a Luis Burgos desde hace mucho tiempo, antes de que volara el tiempo, desde que dio sus primeros pasos con los pinceles. De su taller de Varea, que parece por su composición arquitectónica cual cortijo andaluz, han salido la mayoría de sus obras pictóricas. Otro tanto ha salido de sus largas estancias en diversos países del mundo, léase Cuba, América, Inglaterra etc. pero se me antoja decir que donde se siente más cómodo es en su tierra natal, con los amigos, la familia, los perros… Madruga para plasmar las composiciones en el lienzo, madruga mucho, pues se encuentra con el alba pleno en ideas y de acuerdo con los acrílicos que no se le cruzan a la hora de elegir uno u otro color.

Conozco a Luis Burgos desde hace mucho tiempo, antes de que volara el tiempo, desde que dio sus primeros pasos con los pinceles. De su taller de Varea, que parece por su composición arquitectónica cual cortijo andaluz, han salido la mayoría de sus obras pictóricas. Otro tanto ha salido de sus largas estancias en diversos países del mundo, léase Cuba, América, Inglaterra etc. pero se me antoja decir que donde se siente más cómodo es en su tierra natal, con los amigos, la familia, los perros… Madruga para plasmar las composiciones en el lienzo, madruga mucho, pues se encuentra con el alba pleno en ideas y de acuerdo con los acrílicos que no se le cruzan a la hora de elegir uno u otro color.

Me encanta su entusiasmo a la hora de explicarte uno de sus cuadros, aunque yo le suelo cortar su discurso y siempre le comento que me deje a mi sacar mis propias conclusiones, pero él insiste, como queriendo demostrar que su argumento es el idóneo para comprender su trabajo. Que va, sus obras te entran por la retina de un plumazo. Su manera de actuar ante el lienzo es muy peculiar, única: la anatomía de sus personajes, las manos, los brazos, la composición… no dejan de sorprenderte. Esas miradas, algunas tiernas, otras tristes, a veces pensativas, hacen que camines por su atmósfera y, qué decir de sus protagonistas, peculiares ellos, rápidamente te trasladan a lugares tan remotos como cercanos. La mayoría salen de sus vivencias, de sus viajes, de los personajes que le dejan marcado, de los amigos, de la familia… Ahora bien si se trata de comentar algo sobre su concepto, habrá que empezar apuntando lo que alguien dijo, “no hay crítica de arte, hay arte”.

Su trabajo no es caprichoso, está lleno de sensibilidad; esas miradas, penetrantes, que se me antojan suficientes, son místicas y enigmáticas a la vez. Hay mucha homogeneidad a lo largo de su trayectoria, es fiel a su estilo, pasando de modas y siendo él con sus vivencias cotidianas. Sus representaciones, emblemáticamente sugeridoras, se nos muestran con pretendida universalidad. Es elegante en la factura, sin olvidar el sentimiento que pone a la hora de colocar el color, directo y sistemático. El trabajo de Luis Burgos es  muy apreciado allende las fronteras, no en vano, en breve expondrá cuatro de sus grandes cabezas en el Coolture Impact del centro de Manhattan, en la icónica Calle 42 donde cada día pasan más de 400.000 viandantes.

Amigo Luis, ha sido un placer estar en Cortabitarte a tu lado.

Ricardo González Gil

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